Ramón Otero Pedrayo
Otero Pedrayo, en la crónica del viaje a San Andrés de Teixido, al pasar por Villalba, imagina un cura ideal, en el sentido goliardesco y campesino, que “curaría los jamones de la ceba, conocería las artes de castrar gallos y criar capones, quizás había guardado del tiempo de la mocedad, con melancolía, unas zuequitas villalbesas de moza… y había cortado en el postre rodajas de queso de san Simón”.